Es 30 de marzo. Eso quiere decir que se ha ido la cuarta parte del año, y es buen momento para repasar algunas de las canciones más interesantes del 2012… hasta ahora, por supuesto.

Este año mayapocalíptico ha sido de perfil bajón (en sentido mexicano y en sentido argentino). En general, el tono de la música que me ha parecido más atractiva ha estado en la suavidad y melancolía, con excepciones que parecen abrevar en el underground ochentero. El ejemplo más llamativo es Black Bananas, banda de sonido sucio e intenso, cuya TV Trouble recuerda hasta en el título a la mejor Nina Hagen.

Del lado rockero y con punch, no es posible obviar a una de las bandas más rotundas de la escena (en varios sentidos). Lo nuevo de Gossip suena refinadamente a Gossip, y eso se agradece. Una banda con enorme potencial es Delta Spirit, y su canción que suena engañosamente uplifting.

Para echar brincos, el año ha sido generoso. Tres artistas sin etiqueta posible colaboraron en una firme candidata a canción del año, del frío de Minnesota suena una banda de exquisitez bailable como pocas, y neoyorquinos son los creadores del que, a mi gusto, es el mejor álbum del primer cuarto del 2012. Y de la mejor canción.

Antes hablaba de la suavidad, nostalgia de inicio de año, preludio del quien-sabe-que-nos-vaya-a-pasar… versión 2012. Y así, es muy recomendable de escuchar la decadencia de Lambchop, la ternura de Howler, la nueva caja de sorpresas islandesa llamada Mugison o la sutileza atrapaincautos de Disco Inferno.

Pero es el esperadísimo 2012, y ocupamos un juglar del fin del mundo. Tenemos dos opciones maravillosas: Chuck Prophet y Father John Misty.

A ver qué trae el resto del año. Y a ver si ando por aquí para contarles (mayas mediante). 

 

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La Vida Nueva

"En suma: había querido apartarme de los demás y verme como alguien especial que persigue un objetivo totalmente distinto a los del resto de la gente. Ese no es un crimen que por aquí se perdone."

"La tristeza para todos aquellos que, como yo, han perdido el rumbo en la vida, se manifiesta como una rabia que pretende pasar por inteligencia. Y es ese deseo de ser inteligente el que acaba por fastidiarlo todo."

"¿Quién era aquel ángel? ¿Quién era aquél que yo quería que me llamara desde el corazón del silencio?"

"Puse el pie en esa parte de la vida a la que no debe pasar aquel que pretende volver atrás."

"Ya lo ven, no he dicho nada nuevo. ¡Pero por lo menos he dicho algo! Ya no me importa si es nuevo o no. Al contrario de lo que creen algunos estúpidos pretenciosos, incluso un par de palabras son mejores que el silencio."

"A veces sentía que los libros que por aquella época leía uno detrás de otro se cuchicheaban entre ellos y que así mi cabeza se convertía en el foso de una orquesta donde los instrumentos susurraban por los cuatro costados y me daba cuenta de que podía aguantar la vida debido a esa música que sonaba en mi mente."

"Pero me daba la impresión de que todo estaba muy ocupado en librarse de sus recuerdos, de nuestros recuerdos, a toda velocidad y lleno de inquietud, como esas carreteras nuevas rodeadas por señales de tráfico y despiadados paneles publicitarios que oscurecen nuestros recuerdos cubriéndolos de asfalto."

"Tras sonreir, como hacía la mayor parte de las veces que sonreía, Canan se recogió el pelo detrás de las orejas con un sueva movimiento de la mano y, como siempre, un pedazo de mi mente, de mi corazón, de mi alma, se fundió y desapareció en la noche oscura."

"Cada cual tenía la vida que le correspondía y, en su opinión, todas las vidas eran iguales en el fondo."

"Si a uno le gusta lo que está escribiendo y está contento con su vida, no debe perder la oportunidad y debe escribir cuanto pueda. La vida es breve, así son las cosas, ya lo sabes."

"No estaba en ninguna parte y estaba en todas y, quizás por eso, me parecía que me encontraba en el centro inexistente del mundo."

"Un hombre sacó una radio, ale hop, de una sábana tan sucia que tenía un color plomizo, después la radio levitó y se convirtió en música."

"¿Debe uno enfrentarse a la muerte con amor, como cuando nos encontramos con el ángel, doctor?"

"Los niños eran la primeras víctimas de la inmoralidad que conllevaba el desplome de las grandes civilizaciones y e derrumbe de las memorias. Ellos olvidaban lo antiguo de manera más rápida e indolora y soñaban con más facilidad con todo lo nuevo."

"El hecho de que los padres sepan todo lo que pasa por la mente de sus hijos, como si fueran dioses de memoria infinita que además llevan un registro, no es sino una casualidad. La mayor parte de las veces se limitan a reflejar en sus hijos, o en vulgares extraños que se los recuerdan, sus propias pasiones, y eso es todo."

"¿Por qué pensamos con palabras pero sufrimos con imágenes?"

"...prefería sumergirse con rapidez en el mismísimo corazón de la vida como los conductores de camión medio dormidos y borrachos que se dirigen a ciegas al encuentro de un ciego poste de electricidad en la noche."

- Orhan Pamuk

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Sé que cambié de muchas maneras. Es lo obvio, lo que se espera: de hecho, lo que todos advierten, con palabras más o menos azucaradas. Hay quien te asegura que nunca podrás dormir de nuevo, que es la mayor responsabilidad posible, que es lo más hermoso que te puede ocurrir.

No es gratuito que cuando alguien debe responder la pregunta “¿cuál es el mejor momento de tu vida?”, lo bien visto es decir algo como “bueno, obviamente cuando nacieron mis hijos” para decir entonces lo que en realidad uno considera el mejor momento de su vida. Y ese momento suele ser un disfrute intenso, la culminación de un deseo largamente acariciado, un rasgo de egoísmo puro e inolvidable.

Ese es el problema: muchos de los asuntos de la paternidad/maternidad son casi insufribles: el parto, amamantar, las fiestas en salón, los festivales de fin de año, Ben10 o Bob Esponja. Las alegrías son breves, como luciérnagas o -en el mejor de los casos- relámpagos. Hay que regañar al crío, acostumbrarlo a que deje su ropa donde debe ser, casi obligarlo a meterse a bañar, espantarse ante su cara de what al estudiar inglés… ¿es eso bonito? ¿Esa es la idílica condición que obliga a una madre abnegada a comprar el más reciente suavizante antiarrugas para poder estar más tiempo con su familia? ¿Es ese el núcleo de la sociedad, el que supuestamente está amenazado por el mismísimo Satanás? Más aún, con el desmadre que significa criar a uno, ¿esa es la motivación para buscar a la parejita?

Pinches preguntas. Y lo peor de todo es que, en efecto: la respuesta es sí. A pesar de todo, tener un hijo es una maravilla. Y más aún un hijo como el mío: una inagotable fuente de sorpresas, un cerebro que viaja a miles de kilómetros por hora, una voz privilegiada, una mirada que te estudia y te obliga a entenderte, un abrazo siempre amoroso, una cabeza que se recarga sobre tu hombro porque sabe que está allí para él. ¿Cómo pedir más? ¿Cómo tener miedo ante eso?

Hace 7 años cambié sin remedio. Pero no fue un deus-exmachina que gira la escenografía por completo en unos segundos: fue como el agua que se va escapando de una fisura imperceptible, una gotera de estrellas en el cielo de la noche. Fue su primera palabra, su primer berrinche, su primer letra, su primer carta a los Reyes, su primer día en el futbol, su primer orgullo, su voz, su canción, su memoria, su beso, sus lentes, su él: su perfecto él llamado AJ. Su calor. Sus profundísimas miradas, su insaciable curiosidad por cuentos e historias, sus preguntas y la infantil ingenuidad de creer que yo se las puedo responder.

Maldito destino del hombre: llega un día en que el que uno se ve reflejado en su padre y en su hijo. Todos somos lo mismo, el mismo polvo bíblico, la misma carne y sí, el lugar común: la misma sangre. Es por eso que lo amo tan profundamente: porque estoy en él y un día él será mejor que yo, haga lo que haga. Porque yo soy mejor que el que era el 11 de enero del 2005. Y nunca supe cómo me transformé, aunque sí conozco la razón.

Feliz cumpleaños, hijo mío: feliz cumpleaños, padre de mi hijo.

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Mis 15 canciones favoritas del 2011...

15.- Fleet Foxes, "Helplessness blues"
Una de las obligaciones del arte es tender puentes: esta memorable banda estadounidense elige la tradición y logra sonar moderna a pesar de sus evidentes influencias sesenteras. Heredera y beneficiaria de la mejor tradición folk, esta canción no deja indiferente a nadie y obliga a escuchar el resto de la obra de la banda… y el resto de la música de donde viene.

14.- The National, "Think you can wait"
Una forma de medir cuando una banda está en su mejor momento: los lados B y las colaboraciones aisladas brillan intensamente y adquieren vida propia. Esta embriagadora canción, original de la película Win win, podría ser la envidia de miles de grupos y artistas…

13.- Zola Jesus, "Vessel"
En un año de mujeres destacadas que cantaban de corazones rotos y juraban renacer a través de la música, la rusa-estadounidense Zola Jesus elige otro camino para ser ella misma, y en el proceso hipnotiza sin remedio. Música alba y femenina, universal sin límite, inolvidable sin duda.

12.- The Pains of Being Pure at Heart, "Heart in your heartbreak"
De vez en cuando hace falta rock sencillo y sin pretensiones, claro y directo, melódico y bien armado. Una banda digna de mayor difusión y con uno de los mejores nombres de la historia del rock.

11.- Battles, "My machines"
Dignos herederos del fangoso concepto “música industrial”, sonido “on-your-face” que no deja de sorprender, música de que hay que escuchar hasta el final antes de decidir qué hacer con ella. Battles no permite medias tintas, más con la voz recuperada de Gary Numan, que es a la vez legado y propuesta.

10.- Death Cab for Cutie, "You are a tourist"
Junto con Phantogram, esta banda es un milagro porque los escuché en un sitio donde usualmente no suena música: MTV. Música redonda, tanto en el resultado como en el transcurso, esta canción atrapa desde los primeros acordes de una guitarra precisa e inolvidable.

9.- The Black Keys, "Lonely boy"
Como niños que destripan una radio para ver de dónde sale el sonido, The Black Keys están desmenuzando el rock’n’roll para hacerlo más moderno y más básico. Esta canción es el conjunto de partes precisamente ensambladas y que basa su perfección justamenpe en ser tan imperfecto.

8.- Kasabian, "Days are forgotten"
Kasabian no pierde su capacidad de hacer himnos palpitantes y ardientes. Esta canción es un perfecto grower: con cada escucha se vuelve más intensa, más entrañable y maravillosa. Si tan sólo las demás rolas del decepcionante álbum lo fueran también…

7.- Foster the People, "Pumped up kicks"
De todas las bandas que se treparon a la tarima de la fama este año, esta podría ser la que se sostenga y sorprenda durante más tiempo. Son rudos y contundentes, muy ellos y muy difíciles. Un verdadero milagro auditivo que obliga a pensar y a mover el pie al mismo tiempo.

6.- City and Colour, "Fragile bird"
Canadá sigue sorprendiendo: una sensibilidad incomparable que no tiene miedo de ir más allá y conserva el equilibrio con lo audible y agradable. Sencilla como un ave frágil, metáfora perfecta de lo que cada día somos en menor medida. Una joya.

5.- Thievery Corporation, "Culture of fear"
El espíritu del hip hop, al menos en teoría, es convertirse en la voz que no suele escucharse diciendo las cosas que no suelen decirse. En el año de los indignados, dos nativos del corazón del control político mundial dan justo en el blanco: el miedo es una forma de control. Añada un extraordinario arreglo musical y tenemos un clásico.

4.- Radiohead, "Little by little"
Si en algo nunca decepcionará Radiohead es porque nunca sonará a lo que han sido antes y aun así son perfectamente ellos: experimentan sin arrojarse desde el precipicio. En la línea de los grandes momentos de esta banda indispensable, Little by little es a la vez accesible y hermética, memorable y palpitante.

3.- SuperHeavy, "Energy"
Nunca está de más un supergrupo, mucho menos cuando el ego se queda afuera del estudio y todos se alimentan de todos. En un mundo tan polarizado, la mezcla de culturas es uno de los posibles caminos de salvación, y eso es SuperHeavy. Puntos extras porque la canción es definida por su propio título: es energía pura y desatada.

2.- Duck Sauce, "Barbra Streisand"
Canción precisa como flecha en el blanco, que desde el primer segundo invita a moverse y se queda en la cabeza y en los músculos durante horas, días incluso. Un logro de sencillez tal que une a cualquier persona que, simplemente, quiera pasarla bien.

1.- Phantogram, "When I'm small"
Nada me fascina más que un sonido distinto, más cuando es elaborado con influencias claras y sensibles. Phantogram es un grupo milagroso, sólido y original, con la cumbre en esta pieza repleta de ambiente, intensa en la interpretación, memorable en el resultado.

 

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Aquí, de pie, solo ante el aire
que va soplando preguntas.

No hay nada detrás de mi.
A los lados, el viento congelado
y ante mi va hacia la muerte
un camino mal asfaltado.

El sol imposible,
la luna desgarrada contra el suelo.
Con el miedo como único salvavidas
estoy atado a un yo perverso.

 

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Vengo aquí a hablarles de un viejo amor de esos ese que, según la canción, ni se olvidan ni se dejan. Pero también vengo a hablarles de la penosa soledad que marcó mis primeros 18 años, soledad autoimpuesta y sólo rota por las detestadas obligaciones escolares y la amadísima radio.

Tuve la inmensa suerte de nacer penúltimo de una familia de 9 hermanos, atento a todo lo que pasaba a mi alrededor, hábil para captar y entender: una esponja total. Los estímulos, casi todos sin intención de serlo, llegaban a mi sin pausa y forjaron lo que ahora sé, edificaron mi inalterable fe en la palabra escrita como la forma suprema de comunicarse (en mi caso, la única: mi timidez me impide casi cualquier otra) y me dieron mi parapeto: la música.

Si me atrevo a sumergirme en esos años rebotarán en mi cabeza voces que van desde Leo Dan hasta Cachita, pasando por los Teen Tops, Elis Regina, los Beatles, los Monkees, los Panchos, la Rondalla de Saltillo… y un disco en particular. Era 1982 y uno de los regalos de cumpleaños que recibió mi madre (sí, mi madre) fue el Greatest Hits de Queen, aquél de la portada negra, la foto de los cuatro y las letras blancas y rojas.

Mi deficiente inglés era peor a los 11 años (escuela pública en la era pre-masiva de Cablevisión, you know), pero algo debí escuchar decir a mis hermanos mayores acerca de Bohemian Rhapsody, de tal modo que sabía que tenía que ver con el infierno o algo así. Lo demás era misterio y fue mejor así, porque llegar sin prejuicio a sonidos como los de Killer Queen, Good Old Fashioned Lover Boy, Flash o Bicycle Race equivale a enamorarse a primera vista. Nadie escuchó ese LP tanto como yo, tantas horas, sumergiéndose en él como quien se deja caer desde La Quebrada.

Y allí, perdido entre los borrosos recuerdos de ese año en que empecé a usar lentes hay un comercial de TV que anunciaba a Queen tocando en Puebla.

Después vinieron las manos unísonas del videoclip de Radio Gaga y mi olvidable adolescencia, en la que de algún modo fui reuniendo la colección completa en LP de la banda, en la que un especial de la revista Sonido (mal traducido de alguna revista inglesa especializada) me contaba paso a paso los mitos de formación del grupo: la famosa guitarra roja de Brian May, el baño de burbujas donde Freddie Mercury compuso Crazy Little Thing Called Love, el orgullo que representaba la frase No synths en los créditos de cada álbum previo a 1980… mitología personal, que de alguna manera permeaba en mí, se quedaba y crecía como las letras de casi todas las canciones… porque Freddie Mercury, entre las muchas cosas que me enseñó, fue el idioma inglés.

La música de Queen tenía todo para fascinarme: poder, inteligencia, creatividad, inspiración, grandilocuencia, teatralidad, sensibilidad… si me duele que haya muerto Freddie Mercury es, más que por él, por el milagro que representó el cuarteto en mí y en el panorama del rock. Si le puse una vela de 10 céntimos de euro hace justo 9 años en una iglesia florentina fue por el que yo era cuando lo escuchaba. Porque la música de Queen me hacía mejor persona, me llevaba a otros lugares: inaccesibles, imposibles e inimaginables. Y, por supuesto, no hablo de lugares físicos.

Con el tiempo, cada vez más lejano de los sueños rotos de la adolescencia, de las posibilidades traicionadas y del gigantesco cruce de caminos que no tomé en su momento; recordar a Freddie Mercury cada 24 de noviembre es un ritual de autoperdón. Es verificar la posibilidad de lo imposible: es dejarse seducir por el arte, creer y confiar en el artista que se apodera de uno. Curiosamente, esa sensación se resume con más precisión en el Never let me down again de Depeche Mode que en cualquier canción de Queen: ser milagrosamente uno con un inglés egoísta y hedonista cautivo de si mismo, un inglés que se negó a si mismo hasta dos días antes de su muerte, como pecador que aprovecha el arrepentimiento en el lecho de muerte para evitar inútilmente el infierno.

¿Qué nos queda de Queen hoy? Lo mismo que queda del yo que (literalmente) lloró hace 20 años: un sueño deslavado, pero sumamente poderoso y resistente. Y un largo camino que hemos dejado atrás, such a long long way behind us.

 

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El Arbol de la Vida

A pesar de los exitosos esfuerzos que comenzaron con Meliés y siguen con Michael Bay, yo siempre he creído algo, y lo he creído fervientemente: el cine es un arte. Y como generador de piezas artísticas, tiene obligaciones.

Una de esas obligaciones es ser espejo de las inquietudes y limitaciones humanas, por tanto, debe generar más preguntas que respuestas. En ese sentido, The Tree of Life cumple a cabalidad con esa condición. y una de las primeras preguntas, la más obvia y básica, es: "¿qué estoy viendo?". Para el porcentaje de espectadores que abandonan la sala, la pregunta ni siquiera llega a plantearse: el desprecio es mutuo. Para el resto, la ambiciosa cinta de Terrence Malick es un reto: hay que entender algo: no lo que el director quiso decirnos, sino lo que el director quiso que le cuestionáramos.

Mi respuesta es simple: lo que vemos en la pantalla es a nosotros. Yo me vi a mi mismo allí, entre mundos ardientes de lava y dinosuarios heridos, briznas de polvo cósmico convertidas en planetas y seres humanos tratando de conciliar el bien y el mal. Es más, me vi en el fracaso del esfuerzo incesante, en la derrota del abandono del paraíso, en la auto-amputación de la esperanza.

Llega un punto en que The Tree of Life deja de ser una película hermosa en el plano estético. Y me atrevo a decir que ese es uno de los grandes logros de Malick, porque en ningún momento Emanuel Lubezki abandona su extraordinaria propuesta visual, no hay un solo fotograma de más, no hay una sola imagen desperdiciada. Pero llega un momento en que la contemplación accede a un plano superior, en que el impacto ya está en el alma de cada uno. En que los recuerdos se arremolinan y es uno mismo (nuevamente, siempre), el que actúa, el que se ha metido a la pantalla y el que late en la inmensidad del cuadro. Es allí cuando la cinta pierde su belleza y adquiere su inmensidad.

Así, la obra artística es exitosa, incluso en sus defectos, porque los tiene. Es pretenciosa, es exagerada, es egoísta, tiene partes que le sobran descaradamente, tiene por momentos un tufo religioso insoportable. Pero nada de eso está mal, porque es parte del planteamiento que, en mi opinión, propone Malick, mismo que debo reservarme porque equivale a un megaspoiler. Pero late desde la magnífica secuencia inicial y nunca abandona al espectador.

The Tree of Life, así, es una obra de arte que invita a pensar, debatir, rechazar y aceptar, reconciliarse con ella y, por tanto, con uno mismo y su derrota, la misma de la que, coincidentemente, hablaba Leonard Cohen hace unos días al recibir el Premio Príncipe de Asturias. Y cabe decir que Malick obedece la norma coheniana al retratar el fracaso inherente a ser humano en los límites estrictos de la belleza y la dignidad.

 

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Buenos Aires (junio del 2009)

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Lo qué más me perturba es que pasé buena parte del viaje pensando en la canción "No bombardeen Buenos Aires".

Y eso fue desde mucho antes de ver la ciudad vacía, descuidada y sucia. Con sus enormes edificios europeos resguardando calles frías, aire frío que corría entre ellas desde y hacia el agua. Antes de ver a su gente tan triste, sin grasa en la piel debido al frío, a los exfoliantes, a la prisa con la que caminaban.

Todos ellos tan hermosos, todos ellos tan hermosos como la ciudad misma, levantada con dignidad inusitada en medio de la burocracia, los sindicatos, las elecciones, los Kirchner, la crisis y los recuerdos de los que ya se fueron y no volverán. Porque ella, Buenos Aires, los dejó ir para ver si la amaban.

Otra canción me rebotó en la cabeza, la que dice "hoy la vi y tenía un rostro ajeno al que yo amaba". Me rebotó en la inmensa Corrientes y la inabarcable 9 de Julio, con el obelisco que apunta hacia el cielo como si señalara una salida, con las banderas que jugaban conmigo a no dejarse fotografiar, por la timidez propia de mujer que sabe que no se ve bonita aunque uno la ame profundamente.

Y también estaba en una banda de palomas hambrientas en la Plaza de Mayo, tantas como las Madres que allí pedían parir de nuevo a sus hijos (antes de volverse locas sin remedio, quizás por al ausencia, quizás por el triunfo). En los niños que las espantaban y en sus padres que sólo podían llevarlos allí a espantarlas, en la familia que hizo picnic en un parque céntrico mientras el resto de la ciudad de iba a jugar polo o a olvidar, de un modo u otro, que había que volver.

Esta ciudad enorme-monstruosa que se asomaba al mar a través de sus indigentes de pelo largo y gorras de rasta, en sus cartoneros que iban con carrito de supermercado en anaqueles vacíos, llenos de autos y paredes y jovencitas caminando a toda velocidad. A través de los rostros apurados de los que querían huir, todos a la defensiva, nadie con ganas de estar allí.

Yo sí quería estar allí. Y quiero. Porque allí estaba un adolescente triste y encantado, que se asomaba en las ventanas de los cafés para ver si allí estaba una niña de 6 años vendiendo flores. Niña destinada a morir, por cierto.

Y sólo vi playeras azulamarillas, rojasblancas, parejas bailando tango en el corazón, tiendas vacías, calles llenas, niños rubios, errores veloces, una vida. Pero para entonces el adolescente ya se había regresado a México y el adulto desencantado, de cine, traiciones y enigmas que se había derrotado y sólo pensaba en llevar algún recuerdo a México.

Pero por unas horas ella estuvo allí, casi como una puta vieja que ya no se da muchos aires pero que es aún hermosa, de algún modo que sólo ella y yo sabemos. Y lo único que me hizo falta fue llorar en su regazo.

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Like dolphins can swim.

Algo de bueno tiene la vida incluso en sus simas. El hombre o la mujer que miran el cielo desde el fondo tienen, al menos, la esperanza.

¡Ah qué barato suena! Pero al menos es verdad. Verdad como la sonrisa de unos ojos o un beso atrapado en la mejilla. Verdades sutiles que no requieren mentiras para sustentarse. Verdades verdaderas que resisten pruebas y preguntas.

Cuando un delfín se lanza al mar no es más que un delfín. Cuando un hombre cree en su capacidad heróica es capaz de secar los mares. Yo no soy un héroe, pero estamos vivos a pesar de todo, y esa es una batalla que hasta el momento le hemos ganado al ejército de nosotros mismos. Hemos peleado contra el Diablo y lo hemos vencido con todo tipo de estrategias incluso con la de dejarnos vencer por él, o la de tomar su mano ardiente mientras nos congelábamos como piedras.

Porque somos humanos y servimos condenas inapelables por el delito de asociación con la Muerte a la que dejamos entrar en nuestras vidas y le dimos de comer. Y hoy por eso pagamos tributo. Pero algún tipo de brisa se cuela en nuestros infiernos, algún tipo de manantial escurre entre las rocas al rojo vivo de nuestras hogueras.

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